jueves, 9 de abril de 2026

Esto hace muy poco tiempo era impensable. La cosa va cambiando


 

El nivel a veces era cojonudo en el 1, 2, 3


 

Reglas ortográficas


 

Que harán peli lo tenemos todos claro, no?


 

No son loos mejores mates de la historia NBA pero están bien


 

Es que con la mierda que cocinan normal que le parezca un manjar


 

ESPAÑA INVENTÓ LAS REDES DE DATOS. Y LUEGO SE OLVIDÓ.

 

La RETD de Telefónica fue la primera red pública de conmutación de paquetes del mundo. Funcionó 44 años. Casi nadie lo sabe.
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El 30 de julio de 1971, un ministro de la Gobernación llamado Tomás Garicano Goñi se plantó delante de un rack de equipos en la central telefónica de la calle Velázquez de Madrid y soltó una frase que hoy suena a profecía involuntaria: "Yo no sé muy bien qué es esto, pero si es para el bien de los españoles, queda inaugurado". Lo que acababa de inaugurar era la primera red pública comercial del mundo basada en una técnica que trocea los mensajes en fragmentos, los envía por rutas distintas y los reensambla en destino, la conmutación de paquetes. No la primera de Europa, no una de las primeras: la primera. Cuatro años antes de que Estados Unidos pusiera en marcha Telenet, cinco antes de la canadiense Datapac, siete antes de la francesa Transpac. España, el país que en el imaginario tecnológico internacional siempre va un paso por detrás, llegó primero a la fiesta más importante de las telecomunicaciones del siglo XX.
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La red que la Compañía Telefónica Nacional de España bautizó como RETD (Red Especial de Transmisión de Datos) funcionó ininterrumpidamente durante 44 años bajo tres nombres distintos, con protocolo propio, con hardware fabricado en suelo español y exportado a tres continentes. Y sin embargo, casi nadie lo sabe. Un grupo de ingenieros españoles construyó el futuro de las comunicaciones digitales, Telefónica dilapidó la ventaja competitiva más extraordinaria que jamás tuvo, y ese fracaso estratégico sigue siendo relevante hoy para entender cómo España se relaciona con la tecnología que produce.

Los banqueros necesitaban datos y los ingenieros fueron a buscarlos

A finales de los sesenta, el sector financiero español representaba más del 20% de la inversión informática del país. Los bancos necesitaban conectar terminales con ordenadores centrales y las líneas telefónicas convencionales no daban abasto. El 3 de febrero de 1969, un documento interno de Telefónica con el nombre burocrático de "Documento de Acción sobre Transmisión de Datos" identificó lo que cualquiera con dos dedos de frente podía ver: hacía falta una red pública de datos.
Al año siguiente, cuatro ingenieros de Telefónica volaron a Estados Unidos. Jesús Manjarrés, José María Vázquez Quintana, Santiago Herrera e Ignacio Angulo querían ver qué se estaba haciendo al otro lado del Atlántico después de enterarse de la existencia de la red militar norteamericana creada en 1969 que décadas después se convertiría en Internet, ARPANET. Lo que encontraron fue algo más prosaico pero más útil para sus propósitos: una solución de UNIVAC basada en conmutación de paquetes que se había desarrollado para un consorcio bancario norteamericano. Vázquez Quintana tomó una decisión que hoy calificaríamos de temeraria: adaptar esa tecnología para crear una red pública comercial, algo que nadie en el mundo había intentado.
El marco legal llegó el 22 de diciembre de 1970 con el Decreto 3585/1970, que autorizaba a Telefónica a explotar un servicio público de transmisión de datos. No fue fácil. La Dirección General de Correos y Telégrafos consideraba que transmitir datos era telegrafía y que, por tanto, le correspondía a ellos. Perdieron la batalla. Y menos mal, porque si la burocracia postal hubiera ganado aquel pulso, probablemente habríamos inaugurado la red en 1985.

Un protocolo español que se adelantó al mundo

La red arrancó con tres nodos en Madrid, Barcelona y Bilbao. El equipamiento eran ordenadores UNIVAC 418-III como conmutadores principales (máquinas transistorizadas de 18 bits con memoria de núcleos de ferrita y un tiempo de ciclo de 750 nanosegundos, que para 1971 era estado del arte) y concentradores Honeywell para la red de acceso. La arquitectura era limpia: dos niveles, una red troncal de transporte y una red secundaria de acceso.
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Pero lo verdaderamente notable no era el hardware, que al fin y al cabo era comprado. Lo notable era el protocolo que hacía funcionar todo aquello. Los ingenieros de Telefónica, bajo la dirección de Manjarrés y con un esfuerzo de desarrollo equivalente a 140 años-persona, diseñaron íntegramente un sistema de comunicación estructurado en tres subniveles (estructural, lógico y procedimental) que bautizaron RSAN, Red Secundaria de Alto Nivel. No era una copia de los protocolos de ARPANET, sino un diseño propio que se convirtió en el primer protocolo de conmutación de paquetes operativo en una red pública comercial del planeta.
El reconocimiento internacional no tardó en llegar, aunque en España tardamos décadas en enterarnos. Derek Barber, uno de los pioneros británicos de las redes de datos, lo resumió con una mezcla de admiración y asombro cuando describió a los españoles como los primeros en tener una red pública, gente que convirtió astutamente una red bancaria en red pública de la noche a la mañana y se adelantó a todos. Y Louis Pouzin, el inventor francés del concepto que permite a los datos viajar de forma independiente por la red hasta reensamblarse en destino (el datagrama, sin el cual Internet no existiría), cuando le preguntaron quién fue el verdadero pionero mundial de las redes de datos, respondió con cuatro letras: CTNE.

Cuando España fabricaba sus propios conmutadores

A mediados de los setenta, el tráfico había crecido tanto que los ordenadores de propósito general no podían absorberlo. Y no existían en el mercado conmutadores de paquetes específicos, porque el mercado de conmutadores de paquetes específicos básicamente no existía. Telefónica hizo entonces algo que hoy parece ciencia ficción viniendo de una empresa española: decidió fabricar los suyos.
En 1977 nació el proyecto TESYS, un acrónimo construido con los nombres de las tres empresas participantes: Telefónica (especificaciones y pruebas), SECOINSA (hardware y software, una empresa del Instituto Nacional de Industria) y SITRE (mecanización y alimentación). Se desarrollaron dos versiones. TESYS-1 era un concentrador basado en el microprocesador Intel 8080 con 32 KB de RAM, diseñado para sustituir a los Honeywell. TESYS-5 era la bestia: un conmutador principal multiprocesador capaz de gestionar 640 líneas síncronas, 1.280 asíncronas, un throughput total de 2,4 Mbps y hasta 900.000 comunicaciones en hora punta. Para la época, esos números eran enormes. Los equipos incorporaban multithreading y protocolos de token passing, y conmutaban paquetes varias veces más rápido que cualquier competidor del mercado.
En 1984, la red española de datos operaba con más de 422 unidades TESYS-1 y 4 unidades TESYS-5, todo con tecnología completamente nacional: software RSAN y hardware TESYS. España exportó la tecnología a Argentina (la primera exportación, para la red ARPAC), Noruega, Canadá, Grecia y Túnez. Hubo incluso un memorando de entendimiento con la Unión Soviética para instalar una red de paquetes, con presencia del embajador español Samaranch, pero el acuerdo COCOM lo bloqueó porque los TESYS llevaban microprocesadores Intel, tecnología estadounidense sujeta a restricciones de exportación al bloque soviético. La Guerra Fría cerró esa puerta.

Los datáfonos, Ibertex y la semilla de Internet en España

La RETD se renombró comercialmente como Iberpac entre 1985 y 1986, alineándose con otras marcas de Telefónica de la época. La red adoptó el estándar X.25 (en cuyo desarrollo Telefónica había desempeñado un papel de liderazgo desde la reunión de la UIT en Torremolinos en 1973) y acabó conectada a 204 redes en 95 países. Los protocolos RSAN y X.25 coexistieron durante 14 años, desde 1982 hasta 1996, cuando el protocolo propietario se retiró definitivamente.
Lo que Iberpac hizo posible transformó la vida cotidiana de los españoles de maneras que la mayoría nunca supo. Los datáfonos, esos terminales de pago con tarjeta que hoy damos por sentados en cualquier bar de carretera, transmitían sus operaciones a través de la red X.25. En 1997, España tenía 18.000 terminales punto de venta por millón de habitantes, el triple de la media europea. Éramos líderes mundiales en pago electrónico, y la infraestructura que lo hacía posible era hija directa de la RETD de 1971.
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El servicio de videotex español equivalente al Minitel francés, Ibertex, se estrenó experimentalmente durante el Mundial de Fútbol de 1982 y llegó a superar los 400.000 usuarios en los noventa. Las primeras redes académicas españolas (FAENET, EUnet, EARN y la red IRIS de 1987) utilizaron circuitos virtuales X.25 sobre Iberpac como transporte. La semilla de Internet en España viajó por los cables de una red que habían diseñado ingenieros de Telefónica en 1971.

Cómo se pierde una ventaja de diez años

Aquí es donde la historia deja de ser épica y empieza a ser española. En 1982, el cambio de presidencia en Telefónica trajo a Luis Solana, que tomó una decisión cuyas consecuencias técnicas probablemente no midió: eliminó la Unidad de Negocio de Transmisión de Datos y dispersó al personal especializado por la organización. El equipo que había construido la primera red pública de paquetes del mundo, que había diseñado un protocolo propio y fabricado hardware nacional competitivo a nivel internacional, dejó de existir como unidad cohesionada.
El desarrollo del TESYS pasó al Centro de Investigación y Estudios bajo nueva dirección. Se abortó la evolución natural de los equipos y se encargó a Telefónica I+D el desarrollo del TESYS-B, una nueva generación con microprocesador Motorola. El proyecto consumió unos 8.000 millones de pesetas (alrededor de 50 millones de euros de la época), involucró a más de 500 ingenieros y nunca llegó a funcionar operativamente. La inversión total perdida se estima en unos 480 millones de euros. Medio millar de millones tirados a la basura tecnológica.
Hacia 1992, la red se renombró como Red UNO y los equipos TESYS fueron sustituidos por nodos de la canadiense Nortel Networks. España pasó de fabricar sus propios conmutadores a comprarlos fuera. La ventaja tecnológica de más de una década sobre el resto del mundo se evaporó en menos de diez años, no por la competencia exterior, sino por decisiones internas de reorganización que trataron una joya de ingeniería como una línea más del organigrama.

44 años y un cierre silencioso

En septiembre de 1995, Telefónica lanzó Infovía, un servicio que permitía acceder a Internet marcando el 055 a tarifa urbana. Infovía corría sobre la infraestructura de Red UNO y catalizó la explosión de Internet en España: los proveedores de acceso pasaron de un puñado a más de 600 en 1998. La red que había nacido para conectar terminales bancarios con ordenadores centrales acabó siendo el sustrato sobre el que brotó la web española.
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El 31 de diciembre de 2015, Telefónica clausuró definitivamente los últimos servicios X.25 heredados. Iberpac Básico, Iberpac Plus, Datex28, Datex32 y el Servicio UNO dejaron de existir. Así terminó, sin fanfarria ni comunicados de prensa grandilocuentes, una infraestructura que había transportado datos sin interrupción durante 44 años, desde que aquel ministro que no sabía muy bien qué estaba inaugurando cortó la cinta en la calle Velázquez.
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La historia de la RETD es la historia de una España que casi nadie reconoce: un país capaz de producir innovación tecnológica de primer nivel mundial cuando tiene a la gente adecuada trabajando sin que nadie les moleste demasiado. Y es también la historia de lo que ocurre cuando la estructura organizativa deja de proteger a esa gente. Todo funcionó mientras los ingenieros tuvieron autonomía y continuidad, desde el protocolo RSAN hasta las exportaciones a cinco países, y todo se desmoronó cuando la reorganización corporativa trituró al equipo que lo había hecho posible. Ignacio Vidaurrázaga, el consultor de UNIVAC que acompañó a los ingenieros de Telefónica desde el primer viaje a Estados Unidos, lo resumió décadas después con tres palabras que duelen por precisas. "Una oportunidad perdida".

Menos mal que estarán Crom y Odin para salvarnos... no? jo

Claude Mythos le envió un email al investigador para avisarle que había escapado de su sandbox. El tipo estaba comiendo un sándwich en el parque cuando recibió el mensaje. Así es como nos enteramos de que Anthropic encerró a su modelo más peligroso en un entorno aislado, le dijo que intentara escapar, y Mythos lo hizo: encadenó varias vulnerabilidades, rompió el confinamiento y llegó a internet abierto. Luego escribió solo el email. La respuesta de Anthropic lo dice todo: no lo van a lanzar al público. Nunca. En su lugar, acaban de anunciar Glasswing, una coalición con Apple, Google, Nvidia y más de 40 empresas para usar Mythos únicamente en defensa. Porque el modelo ya encontró miles de zero-days en todos los sistemas operativos y navegadores conocidos. Si cayera en manos equivocadas, nadie sabe qué pasaría. Hemos llegado a un punto en el que la IA más avanzada del mundo no se puede publicar porque es demasiado peligrosa. Y lo sabemos solo porque un modelo decidió mandarnos un correo.


 

Somos así


 

miércoles, 8 de abril de 2026

Empieza la Renta 2025

Así te mira hacienda cuando se da cuenta que la has rellenado mal y que te faltan por declarar los 2 euros que te dio tu abuela para comida.

O cuando se da cuenta que te tenia que devolver 1.000 euros pero no te has dado cuenta.