lunes, 24 de agosto de 2026

Os expongo mi teoria para los proximos años.

Cada primer tercio de siglo ocurre algo que cambia el mapa politico del mundo. Entendiendo esto como que solo entra europa y los bordes de asia y africa hasta despues del descubrimiento, claro.  
 
Siglo IX (800 - 833): En el año 800, Carlomagno es coronado Emperador de Occidente en Roma. Esto rompe definitivamente el equilibrio geopolítico mundial al crear el Imperio Carolingio, rivalizando y partiendo el mapa europeo frente al Imperio Bizantino y el Califato Abasí.

 

Siglo X (900 - 933): Es el periodo de desintegración del Imperio Carolingio, marcado por el Tratado de Verdún en 843 y sus secuelas a principios del siglo X, y la consolidación de los nuevos reinos que darán forma a la Europa medieval: el nacimiento del Reino de Francia, el Sacro Imperio Romano Germánico bajo Otón I, cuya gestación arranca en estas décadas, y el desplome del Califato de Córdoba en Al-Ándalus, que inicia su fragmentación en taifas a principios del siglo X.
 
Siglo XI (1000 - 1033): La caída definitiva del Califato de Córdoba en 1031 transforma por completo el mapa político de la península ibérica, dando paso a los reinos de taifas y potenciando el avance de los reinos cristianos del norte. A la vez, en el este, el Imperio Bizantino alcanza su máxima expansión reciente con Basilio II, reconfigurando los Balcanes y el Mediterráneo oriental.
 


Siglo XII (1100 - 1133): El auge del Imperio Almorávide y posteriormente el Almohade unifica el norte de África y Al-Ándalus, rediseñando el mapa geopolítico del sur de Europa y el norte africano. En Europa central y oriental, se consolidan los reinos normandos, como el Reino de Sicilia, y se reordenan las fronteras de los estados feudales tras las primeras cruzadas.

Siglo XIII (1200 - 1233): La irrupción de Genghis Khan y el Imperio Mongol arrasa el mapa político desde Asia hasta las puertas de Europa del Este, creando el imperio terrestre más grande de la historia y destruyendo imperios establecidos como la dinastía Jin o el Imperio Corasmio. En Europa occidental, las consecuencias de la cuarta cruzada de 1204 destruyen temporalmente el Imperio Bizantino, creando el Imperio Latino de Constantinopla.

 

Siglo XIV (1300 - 1333): El año 1309 marca el inicio del Papado de Aviñón o Cautiverio de Aviñón, lo que altera profundamente las alianzas políticas del papado con las monarquías europeas, especialmente con Francia. Además, en el este, este primer tercio ve la consolidación y expansión inicial del Imperio Otomano bajo Osman I, un actor que cambiará el mapa europeo y asiático durante los siguientes seiscientos años.

 

Siglo XV (1400 - 1433): Las secuelas de la invasión de Tamerlán, que derrota a los otomanos en 1402, reconfiguran Eurasia. En Europa, se intensifica la Guerra de los Cien Años con figuras como Juana de Arco alrededor de 1429, y en la península ibérica se sientan las bases de la expansión atlántica de Portugal con la toma de Ceuta en 1415, el germen de la futura globalización.
 


Siglo XVI (1500 - 1533): Es la era de los Grandes Descubrimientos y la Conquista. Con la llegada a América y la caída de los imperios Azteca en 1521 e Inca en 1532, el mapa geopolítico deja de ser eurocéntrico y se vuelve global. Paralelamente, en Europa estalla la Reforma Protestante en 1517 y el Imperio Español de Carlos V unifica territorios bajo la frase de que en él no se ponía el sol, desatando el nuevo orden europeo.

 

Siglo XVII (1600 - 1633): El estallido de la Guerra de los Treinta Años entre 1618 y 1648. Este conflicto, concentrado en gran parte en su primera mitad, rediseñó por completo el mapa de Europa Central, debilitó al Sacro Imperio Romano Germánico, hundió la hegemonía española y encumbró a nuevas potencias como Suecia y Francia.

 

Siglo XVIII (1700 - 1733): La Guerra de Sucesión Española entre 1701 y 1714 cambió drásticamente el mapa geopolítico europeo: España perdió sus posesiones en Flandes e Italia, nació la nueva dinastía de los Borbones, Gran Bretaña se consolidó como la superpotencia marítima global al ganar enclaves estratégicos como Gibraltar y Menorca, y emergió el Imperio Ruso tras la Gran Guerra del Norte con el Tratado de Nystad en 1721.

 

Siglo XIX (1800 - 1833): Las Guerras Napoleónicas y la Independencia de América Latina. El primer tercio del siglo XIX vio el mapa europeo rediseñarse por completo con el Imperio Francés y el posterior Congreso de Viena en 1815. Casi simultáneamente, entre 1810 y 1830, el Imperio Español en América colapsó, dando nacimiento a la inmensa mayoría de las repúblicas latinoamericanas actuales.

 

Siglo XX (1900 - 1933): El colapso de los imperios y el nuevo mapa mundial. La Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918 y su colofón político en los primeros años de la década de 1920 provocaron que cuatro grandes imperios cayeran en cascada y desaparecieran del mapa: el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro, el Imperio Otomano y el Imperio Ruso, este último transformado en la URSS tras la Revolución de 1917. Nació un mapa completamente nuevo en Europa Central y del Este con la creación de estados como Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia o Finlandia, mientras que el mapa de Oriente Medio se rediseñó por completo en los despachos de Londres y París mediante acuerdos como Sykes-Picot, dando origen a los países que conocemos hoy en esa región.
La segunda guerra mundial fue consecuencia de como terminó la primera. 
 

Siglo XXI (2000 - 2033): ¿Se cumple la regla en nuestro siglo? El evento inicial con los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la posterior Guerra contra el Terror provocó las invasiones de Afganistán e Irak, desestabilizó Oriente Medio y aceleró el declive de la hegemonía unipolar de Estados Unidos. Esto ha dado pie a la consolidación de un nuevo orden multipolar, con el ascenso definitivo de China como superpotencia global y el regreso de Rusia a la confrontación directa con Occidente, marcado por la invasión de Ucrania en 2022, viendo cómo las alianzas tradicionales como la OTAN o los bloques económicos del BRICS vuelven a trazar las líneas de influencia política y económica en el mundo.

A partir de ahí, la situación actual se desarrolla en cuatro puntos clave. Primero, el declive forzado de Rusia, que muy probablemente haya sido arrastrada a una trampa estratégica de desgaste a largo plazo; al aislarse de Occidente y vaciar sus arsenales y reservas humanas en Ucrania, Moscú ha hipotecado su autonomía económica y militar, actuando ya no como la superpotencia soberana de antes, sino como el socio junior que depende enteramente de Pekín para sobrevivir comercialmente comprando petróleo y gas a bajo precio y diplomáticamente, a lo que hay que sumar el desgaste militar de Europa y Estados Unidos por dar demasiado armamento a Ucrania. Segundo, la baza de Siberia y el Extremo Oriente Ruso, una región que es un gigante dormido en recursos naturales como madera, agua dulce, gas, petróleo y minerales raros colindante con un norte de China superpoblado y hambriento de materias primas; mientras la población rusa en el Extremo Oriente lleva décadas disminuyendo y emigrando hacia el oeste, la presencia comercial, agrícola y humana de ciudadanos chinos en la zona no ha dejado de crecer de manera sutil pero constante. Aunque una confrontación militar directa es inviable por el arsenal atómico ruso, el control geopolítico no siempre requiere tanques, sino que puede lograrse mediante dependencia económica absoluta, absorción demográfica y concesiones territoriales a largo plazo por la incapacidad de Rusia de desarrollar esos territorios por sí sola. Tercero, la vigilancia estratégica de China, que ha desempeñado el papel de observador paciente; analizar el rendimiento del armamento occidental, las tácticas de la OTAN, la logística militar a gran escala y las respuestas en puntos calientes como el estrecho de Ormuz le está proporcionando a Pekín un manual de operaciones invaluable con un doble objetivo: a corto y medio plazo, manejar y absorber económica y territorialmente la influencia rusa en su frontera norte sin disparar un solo tiro, y a largo plazo, evaluar la resiliencia de Occidente para calcular el momento y la forma de resolver definitivamente asuntos soberanos pendientes como el de Taiwán. Todo esto encaja perfectamente en cómo cambian los mapas políticos en los tercios de cada siglo, donde las grandes potencias no caen necesariamente por una invasión repentina de su rival directo, sino por agotamiento sistémico, permitiendo que su vecino más fuerte absorba su espacio vital de manera gradual. Cuarto, Taiwán caerá antes de lo que pensamos, ya que Estados Unidos no puede meterse en demasiados fregados y se ha visto lo ineficaces que están siendo en Ormuz.

 

En unos años comentamos


 

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