martes, 4 de agosto de 2026

La historia de Frigo

 

Bienvenidos a la historia de Frigo, la empresa que convirtió el helado de lujo de verano en un capricho diario para millones de españoles.


Todo empieza con Joan Rimblas Cusachs, un catalán militar desplegado en la perla de las Antillas, nuestra querida Cuba.
Allí no tardó en desviarse de su misión oficial y prosperar en los negocios. Primero en la industria maderera y luego en la azucarera al dedicarse a la producción de caña. (La producción de azúcar era una de las grandes industrias de la isla).

Cuba se había convertido en su hogar, por lo que terminó contrayendo matrimonio con una cubana y teniendo 3 hijos. Con lo que no pareció contar era con la inestabilidad del país, la cual terminó por desencadenar la Guerra de Independencia.


Una guerra que ganarían. Los Rimblas tomaron en consecuencia una decisión difícil: volver a España.
Curiosamente y pese al desenlace de esta guerra, los negocios de Joan en la isla parecieron mantenerse intactos, porque aún se registran repartos de acciones y otra documentación pública en años posteriores.

De regreso en Barcelona, los hermanos Rimblas observaron un panorama transformado. España había entrado en la era de la electrificación, y con ella llegaba una revolución silenciosa pero profunda: la refrigeración industrial. Hasta entonces, el hielo era un lujo escaso y caro.



Se cortaba en bloques en las montañas y se transportaba mediante carros a las urbes, donde los hieleros cogían los trozos de hielo mediante un gancho o en sus hombros y los entregaban en los domicilios que tenían nevera.


Las neveras de los años 30 hasta prácticamente los 60 poco tenían de parecido con las actuales.
Del tamaño más bien de una caja fuerte, no eran eléctricas sino que se valían de poner en la parte superior un bloque de hielo. Así aprovechaban el hecho de que el frío baja para refrigerar la comida, que se encontraba en las cámaras inferiores a la del bloque.


Como os podéis imaginar, todo el proceso era un coñazo, ya que el hielo se deshacía y requería de ser recargado casi cada día.

Lo mismo ocurría con los helados. No eran estas locuras multiforma y multicolor a las que estamos acostumbrados, sino que eran más bien artesanales, caros y de temporada. No había Frigopies, sino Comtessas. Al fin y al cabo este producto había estado reservado para la élite durante mucho tiempo.


La electricidad sin embargo, cambió las reglas del juego.

En 1874, medio siglo antes de la vuelta de los Rimblas al país, se instalaba en Terrassa, La Nevera. La primera fábrica de hielo de toda España.


Ello implicaba una gran transformación del sector, pues ya no hacía falta subir al monte y transportar el hielo desde ahí. Ahora ciudades cercanas como Sabadell y Rubí podían ser abastecidas en mucho menos tiempo y en mayor cantidad.

En Barcelona la primera fábrica no llegó hasta 1910, con La Siberia. Una fábrica que no pararía de crecer en los años posteriores al comprar y anexionar las propiedades colindantes.


Los hermanos Rimblas por su parte, también decidieron establecer su fábrica en Barcelona y para ello constituyeron Industrias Frigoríficas de Alimentación, S.A. Si te preguntas por qué todas las empresas históricas que hemos visto siempre tienen la forma jurídica de Sociedad Anónima, es porque era la única disponible hasta 1953. Cuando apareció la forma de Sociedad Limitada que todas las PYMES usan.
Así que cuando veas una SA, es porque, o hacen mucha pasta, o son muy antiguos.

Frigo no fue la primera empresa de helados de España, pero sí la primera en apostar decididamente por la producción industrial masiva.


La fábrica del Pueblo Nuevo se convirtió en un templo de la innovación. Mientras la competencia seguía haciendo helados artesanales en pequeñas heladerías, Frigo instaló maquinaria de última generación que permitía producir a gran escala. El secreto no era solo la tecnología, sino la visión: democratizar el helado.

Otro detalle curioso sobre el proceso de electrificación en España es que como aún estábamos en ello, no se usaban los 230V que Europa estandarizó sino los 110V norteamericanos. Por ello la maquinaria que los de Frigo importaron venía de Estados Unidos.

En sus inicios, la compañía no se limitó a helados. También producía hielo, leche, yogures y alimentos precocinados, aprovechando la cadena de frío que ya tenían montada.


Como sus principales competidores y únicas referencias eran los helados de temporada, sus primeros helados fueron igual de simplones y faltos de gracia. Pero eso daba igual, porque la gente no tenía donde elegir.


Así crecieron hasta los 100 empleados y luego hasta los 700. Iban viento en popa. Los heladeros ambulantes, esos señores quienes aparecían con el carrito de los helados a la salida de colegios y sitios de extraescolares, inundaban el país y expandían la presencia de la marca.


Otro de los métodos que usaban para expandir su presencia y eliminar a la competencia, era facilitar la compra a plazos de refrigeradores a restaurantes y bares a cambio de que estos sólo compraran sus helados. Nadie iba a tener más de un refrigerador, así que la primera elección los aseguraba como clientes de por vida.

Durante el franquismo, la autarquía protegió a Frigo de la competencia extranjera. Mientras otras marcas internacionales no podían entrar en España, Frigo consolidó su dominio. Era una época dorada: el helado dejaba de ser un lujo de verano para convertirse en un capricho accesible durante todo el año.

Con el final de este sin embargo, los grandes conglomerados del sector se lanzaron a la compra de marcas locales para ganar cuota de mercado. Camay, el gran competidor de Frigo, caía en manos de Nestlé y era renombrada a Camy. Aunque el premio a la historia más rocambolesca se la lleva Avidesa.


Antes de la producción de helados, esta empresa se dedicaba a la ganadería tal y como su nombre Avícolas y Derivados, SA señala. Los helados sólo fueron un derivado más para su propietario Luis Suñer, que no esperaba que se convirtieran en un éxito tan grande como para que pasaran a representar la mayor parte de la facturación de la compañía valenciana y a convertirse por tanto en otro competidor más de Frigo.


Su forma de abrirse un hueco en el sector, fue la de directamente regalar frigoríficos. Y en el caso de aquellos locales que tuvieran uno de la competencia a medio abonar, se los terminaba de pagar.

Volviendo a Frigo, los helados que todos recordamos sin embargo, no empezaron ha llegar hasta el 73. Momento en el que la compañía fue adquirida por la multinacional Unilever y esta pasó a focalizarla únicamente en la fabricación de helados.

Y fue entonces cuando llegó la edad de oro de la innovación. La empresa contó con recursos técnicos y económicos que antes eran impensables, y el departamento de I+D se convirtió en una fábrica de sueños helados.

Así es como personas como Joan Viñallonga hacían su entrada en la empresa y desarrollaban nuevos y alocados productos.


Siendo el primero de ellos el Drácula. Un polo que al lamerlo te pintaba la lengua de rojo.


Su siguiente gran innovación fueron los helados que no tuvieran forma cilíndrica. Puede parecer una tontería pero por aquél entonces, producir moldes tridimensionales no era un proceso simple y extendido. En el caso de Frigo, tuvieron que asociarse con una empresa italiana que sí era capaz de producirlos y así es como nació el Frigodedo.


A este le siguió como no el Frigopie. La realidad es que empezaron por un dedo y luego simplemente continuaron con un pié.



Por su lado, Avidesa sacaba el sandvich y el imperio de Suñer crecía hasta los 400 millones de pesetas. El problema inesperado con el que se topó fue… los políticos. En el 78 Hacienda decidió hacer pública la lista de los mayores contribuyentes del país y Suñer, con sus 400 millones, salía el primero. En una época en la que una banda terrorista llamada ETA se dedicaba a secuestrar empresarios para pedir rescates, nuestros amigos los políticos decidieron darles la lista de la compra. Y eso es exactamente lo que ocurrió.


En el 81, varios tipos encapuchados entraban a punta de pistola en su despacho y se lo llevaban secuestrado. Un secuestro que duraría 3 meses y terminaría con un pago de 325 millones de pesetas.



El mal trago hizo mella en la salud de Suñer, que por aquél entonces tenía ya 73 años. Después del evento bajó el ritmo, sus empresas habían dejado de ser su prioridad, quería pasar tiempo con su familia y unos años más tarde falleció. Su familia empezó a perder progresivamente el control de sus compañías hasta que la principal salió a bolsa en el 91 y BBV aprovechó la ocasión para hacerse con la totalidad de la misma mediante una OPA y luego vendérsela a Nestlé. Esta hacía desaparecer la marca Avidesa y ponía sus fábricas a producir bajo Camy.



En cuanto a Frigo, su siguiente gran éxito fue el Calippo, por ser una de las marcas que se promocionaba en el juego Habbo Hotel, para llegar a los jóvenes. Frigo estaba perdiendo ventas por el incremento de las latas de cerveza y de refrescos. Para contrarestar el golpe, quisieron idear un helado que se pareciera a una lata y pudiera beberse un poquito al ir deshaciéndose. El resultado es el que conocemos, aunque la primera iteración de este fue algo accidentada porque el envase goteaba por debajo.


Ello no impidió que fuera tal éxito que hasta los heladeros se saltaban a sus distribuidores y se presentaban en la propia fábrica a pedir más.

La siguiente creación fue fruto de una confusión. Una de las acciones que Unilever realizaba para reforzar sus empresas en los distintos países, era hacer que los equipos visitaran a sus homólogos para contagiarse de nuevas ideas y conceptos. En el caso de España, mandaron a Joan Viñallonga a Reino Unido. Como no hablaba ni papa de inglés, simplemente asentía con la cabeza a todo lo que le iban contando mientras observaba las distintas máquinas que le presentaban.


Al parecer el investigador que le presentaba las máquinas no sólo se las estaba explicando, sino que le había propuesto de crear un nuevo helado con ellas. Cosa que se hizo constatar cuando investigador y máquina aparecieron unos meses después en la fábrica de Barcelona. Entendido el entuerto, a Joan y al resto del equipo les pareció buena idea igual, por lo que llevaron a cabo el desarrollo que terminó convirtiéndose en el Twister.


Obviamente no todos los helados fueron un éxito. Varios de ellos como el Boomy, que replicaba 3 piezas de fruta, eran demasiado complicados de fabricar. O el Tubi Tabi, que tenía forma de pasta de dientes y permitía combinar dos sabores distintos.



La mayor innovación de todas y por desgracia una de las últimas fue el Frac. El helado de nata y una capa de chocolate que sería el precursor del Magnum. Este último empezó su distribución en el 87 y su relevancia a nivel internacional fue tal, que cuando Unilever decidió en 2025 escindir el negocio heladero, la compañía que agrupó todas las empresas (Frigo incluída) se llamó The Magnum Ice Cream Company N.V.


Por su lado, Frigo terminó cambiando su logo en el 98 por el del corazón de Unilever y unos años más tarde anunció el cierre de la fábrica que lo había empezado todo. Por suerte, Farggi, uno de sus competidores que había nacido en 1993, la salvó a última hora al hacer una oferta de compra por la misma y sus empleados.


El lugar pasó a convertirse en las oficinas principales de Farggi y curiosamente unos años más tarde, Los Servitje (BIMBO) entrarían en el accionariado de la misma.

En el caso de Nestlé, tardó hasta 2008 para lanzar su copia del Magnum, el Nestlé Gold.





No hay comentarios:

Publicar un comentario