domingo, 23 de agosto de 2026

Esta es la historia de los Bernat.

Uno creería que edificios emblemáticos como la Casa Batlló son propiedad del Ayuntamiento o de una fundación pero… ¿Y si te dijera que no es así?

La historia de este clan empieza con Josep Bernat, que fue el primer confitero de toda España tras hacerse en 1845 con la primera licencia para fabricar dulces y cuyo negocio se perdió en la guerra civil.



Su hijo, Romá Bernat, siguió con la tradición al montar la fábrica de galletas "La Gloria” tras la postguerra. Esta fué la primera en contar con ingenios mecánicos para el relleno de galletas.



Fue en La Gloria también donde el hijo de Romá Bernat, Enric Bernat ejerció de comercial aprovechando su iniciativa y don de gentes. Pero Enric quería más, no se contentaba con ser el hijo del jefe, quería seguir aprendiendo y abrir su propio camino. Por ello pasó a trabajar en la industria quesera, en la importante Massanés i Grau (aka El Caserío), donde pasó por todos los puestos posibles: aprendiz, dependiente, administrativo y nuevamente comercial.



Sin embargo eran los años 40, España se encontraba bajo el régimen franquista y por aquella época los hombres tenían que hacer la mili o servicio militar obligatorio, el cual duraba hasta 3 años. Ello obligó a Enric a poner su carrera en pausa.



Enric vivía rodeado en un mundo de dulces, no sólo su familia se dedicaba a ellos, su mujer Núria Serra era hija de una estirpe de pasteleros. Los 2 estaban destinados a dicho sector.
Y tan es así, que una vez terminada la mili, Enric y Núria montaron la confitería Productos Bernat, especializada en la elaboración de peladillas. Las peladillas son almendras cubiertas de azúcar, un dulce tradicional en España, especialmente en la Comunidad Valenciana.



El negocio fue bien, lo suficiente como para que 4 años más tarde, Domingo Massanés, uno de los propietarios de la quesera Massanés i Grau, le propusiera tomar el control de Granja Asturias. Una empresa asturiana fabricante de más de 200 productos derivados de la manzana que se encontraba en números rojos.



El trato era que si conseguía reflotar la empresa, recibiría un 50% de los beneficios y de las acciones.

Enric era un firme creyente de que las empresas debían focalizarse en hacer un solo producto y hacerlo muy bien. Así que tras aceptar, su primer movimiento fue cancelar la producción de esos 200 productos y apostar por el desarrollo de uno nuevo en el área que él dominaba: los dulces.
Y el producto que desarrollaron fue… El ChupaChups.



Enric Bernat.

Así es, el caramelo redondo con un palo que hoy día es conocido en todo el mundo.

Aunque inicialmente no se llamaba así. Si bien su primer nombre fue GOL (dada la forma redonda del mismo), Bernat no estaba demasiado satisfecho con el mismo por lo que encargó a una empresa de marketing la propuesta de un nuevo nombre. Y le dieron 3: Palo, Rols y Chups. Y como os podéis imaginar, eligió Chups.




La mutación de Chups a ChupaChups vino a consecuencia de las cuñas de radio que hacían, pues en ellas parecía que el nombre fuera ChupaChups y es lo que en consecuencia pedía la gente.

Para el logo, tuvieron un problema similar. Las iteraciones iniciales eran bastante cutres, de modo que Enric decidió encargárselo a un tal Salvador Dalí, que en una hora tuvo hecho el diseño que aún hoy en día usa la marca.


Otro cambio relevante que hizo Dalí fue poner el logo en la parte superior del envoltorio, lo que le daba mayor visibilidad a la marca cuando estos estaban en los estantes:


Aunque Enric había conseguido reflotar la empresa con aquél caramelo, el resto de propietarios seguían sín estar convencidos con la apuesta y optaron por venderle el 50% restante de la empresa por 1 peseta. Esto demuestra que eran buenos empresarios, pues cuando hay este tipo de desacuerdos, las empresas suelen terminar en liquidación. Y aquí en cambio se apartaron a un lado y le dejaron continuar.

Lo siguiente que hizo Enric fue tratar de proteger su invención mediante el registro de una patente, pero no fue posible porque ya existía una similar con fecha de 1919.
Así que optó por hacer como vimos en el episodio de Telefónica y compró todas las patentes relacionadas, las cuales eran propiedad de otra empresa barcelonesa llamada “La Suiza Reñé, S.A”.

Luego puso su atención en la parte que mejor dominaba: la comercial. Mediante el uso de Seat 600 estableció una extensa red propia de ventas que le permitió llegar a todo el territorio.



A la primera fábrica de Asturias se le sumó otra en Barcelona y cambiaron el palo de madera por uno de plástico. Otra demostración de su necesidad de focalizar es que en realidad no sólo crearon el Chupa Chup. También hicieron el PitaGol, un caramelo en forma de silvato que se puede silvar. Para ello montaron una empresa nueva completamente aparte, así como también otra fábrica.



España ya no era suficiente. Enric quería más. Quería una marca internacional y esa fue la fijación durante los años 70, donde se expandieron a Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, llegando a vender más de 170 millones de unidades.



Gracias a esta apuesta, estuvieron preparados para 1974, año en el que algunas de las patentes expiraron y propició la aparición de clones más baratos. Mientras las ventas se desplomaban en España, se multiplicaban en los demás países.

En 1988 habían vendido más de 20.000 millones de unidades en todo el mundo.
Esta es la empresa que hizo a los Bernat millonarios y aunque su historia continua, nosotros seguiremos la de Enric Bernat, que en 1991 dejó el control de la misma a su hijo Javier Bernat y al resto de hijos como socios.

Estos siguieron llevando la compañía adelante hasta que la vendieron por más de 400 millones al gigante italiano Perfetti Van Melle en el año 2006.



Curiosamente, Perfetti no eran los primeros candidatos para comprarla sino… Los Carulla, la familia a la que ya conocimos en su propio episodio. El hecho de que no lograran hacerse con ChupaChups les marcó lo suficiente como para terminar desprendiéndose ellos mismos de su rama de dulces.

Volviendo a Enric.
En 1993 hizo sín aún saberlo lo que sería su mejor compra: la Casa Batlló.


La Casa Batlló es un edificio de 6 plantas obra del arquitecto Antoni Gaudí, máximo representante del modernismo catalán. Que si no conoces a Gaudí, a lo mejor conoces su mayor obra: La Sagrada Familia. Pues al igual que esta, la Casa Batlló, luce unas formas y un colorido espectaculares, aunque no siempre fué así.

Si bien tiene el nombre de Casa Batlló por la familia Batlló, este edificio fue inicialmente diseño del arquitecto Emili Sala Cortés y era otro cutre más del montón.



No fué hasta que los Batlló lo compraron, que se encargó la reforma a Gaudí y pasó a tener el tan impactante aspecto tanto interno, como externo que tiene hoy en día.


Cómo llegó a hacerse con este activo es aún más interesante. Si retrocedemos unos años, Enric Bernat se había convertido en el mayor accionista de Iberia Seguros, una aseguradora catalana que en 1950 se había hecho con la Casa Batlló al comprársela a sus herederos y la había convertido en su sede social.



En los 90, Iberia Seguros no pasaba por sus mejores momentos, situación que Bernat trató de revertir a base de lanzar una OPA contra Consorcio Nacional del Leasing, con la intención de crear un banco catalán. Este movimiento falló, lo que obligó a la empresa obtener liquidez de otras formas, entre ellas, sacando a subasta la Casa Batlló.



(Si no la has visitado hazlo con el pase GOLD, para tener a menos chusma cerca). Si bien estaba valorada en 82 millones de euros y se sacó a subasta en Sotheby’s por sólo 60, no logró ni un solo pujador. Así que finalmente Enric optó por comprarla desde Chupa Chups por la cifra de 21 millones.

Hoy en día la Casa Batlló les reporta a los Bernat unos ingresos de más de 50 millones de euros al año. Podríamos decir que no les salió mal la jugada.



Lo impresionante de los Bernat, es que siguen buscando y encontrando formas de incrementar sus fuentes de ingresos, cuando lo normal es que las generaciones posteriores, derrochen y quemen toda riqueza heredada.

Los Bernat por el contrario montaron el Bernat Family Office SL. Un family office es una entidad privada que se encarga de la gestión, administración y planificación del patrimonio de una familia adinerada, con el objetivo de preservarlo y hacerlo crecer a lo largo de las generaciones.



Desde él, la familia ha ido realizando movimientos como el de crear la empresa Kelp Ventures, que como podéis ver tiene como objetivo la producción de productos de calidad con diseños emblemáticos como el de la propia Casa Batlló.


También han montado Albe, que produce esas moneditas que se pueden comprar en tantos sitios como souvenir.



¿Y dónde van a vender dichos productos? Pues justo al lado de la Casa Batlló, de ahí el movimiento de comprar el edificio colindante a la misma. Mientras que en la planta de a pie de calle tendrán la tienda, establecerán las oficinas en la segunda.



Siguiendo el mismo camino, el Family Office cuenta con 2 inmobiliarias: Residencial Pineda Spring y Upside Investments. Con activos en alquiler por toda Barcelona que les generan otros 3 millones.


Diagonal 123 del 22@ por ejemplo, era de su propiedad hasta hace poco. Metrópolis, la constructora en la que están metidas varias de las familias con más pasta, se lo compró por 55 millones.

También, seguramente a raíz de la pandemia, que les cortó su principal fuente de ingresos al chaparse el turismo por completo, parecen haber empezado a invertir en sectores que no se vean influenciados por el turismo, como startups o empresas de logística.




Además del Family Office, los Bernat cuentan con 2 SICAVs o sociedades de inversión de capital variable, en las que tienen más de 100 millones de euros invertidos entre acciones y bonos:



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