lunes, 1 de junio de 2026

No son cosa de niños


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Y empezó como algo muy serio, en un cuartel militar. El juego de guerra con miniaturas tal y como lo conocemos hoy con todas sus variantes nació en la Prusia de 1812, cuando el oficial Georg von Reisswitz presentó al rey Federico Guillermo III un mueble-mesa con un campo de batalla en relieve sobre el que maniobrar, y fue su hijo, también militar, quien hacia 1824 lo convirtió en un simulador con terreno variable, escalas de distancia reales, turnos y dados para introducir el azar y la incertidumbre del combate, el famoso 'Kriegsspiel', que el Estado Mayor prusiano adoptó para instruir a sus oficiales. Tanto, que cuando Prusia aplastó a Austria en 1866 y humilló a la Francia de Napoleón III en 1870, media Europa se apresuró a copiar el método de aquel ejército que parecía invencible. Y tratando el salto del ámbito castrense al lúdico civil, cabe mencionar a dos novelistas como responsables, Robert Louis Stevenson, el de 'La isla del tesoro', que libraba campañas interminables con soldaditos junto a su hijastro, y sobre todo H. G. Wells, el de 'La guerra de los mundos', que en 1913 publicó 'Little Wars', el primer reglamento pensado para jugar con figuras en miniatura, disparando con un cañoncito de juguete que lanzaba proyectiles de madera de verdad. De aquel librito de un autor de ciencia ficción descienden, en línea recta, todos los wargames de mesa que conocemos hoy día.

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