La energía solar fotovoltaica está chocando con una realidad física y económica que muchos llevamos años explicando. Cuanta más potencia solar se instala en las mismas horas del día, más se hunden los precios justo cuando produce. Y cuando caen a cero o incluso negativos, muchos parques dejan de ser rentables.
La paradoja es que hace poco asistíamos a una campaña política y mediática celebrando que España tenía durante algunas horas los precios eléctricos más bajos de Europa. Lo que apenas se decía es que eran precios mayoristas, no la factura real que pagan hogares e industrias. «Créeme a mí y no a tu factura», parecían decir.
Tampoco se hablaba del coste técnico de mantener estable un sistema con cantidades masivas de generación variable. Tras el apagón, Red Eléctrica opera en modo reforzado para reducir riesgos y evitar otro colapso. Eso implica más respaldo, más servicios de ajuste y más recursos síncronos estabilizando tensión y frecuencia. Todo eso cuesta, aunque la subasta marque cero euros unas horas. A la factura final hay que añadir peajes, cargos, impuestos, pagos por capacidad y costes crecientes de operación del sistema. La electricidad no vale solo lo que aparece en un gráfico del mercado mayorista al mediodía.
Y mientras se usaban políticamente esos precios bajos como propaganda energética, parte del propio sector renovable empezaba a admitir que hay plantas fotovoltaicas ingresando cantidades ridículas y proyectos que podrían dejar de construirse o necesitar rescates financieros.
Esto no significa que la energía solar no sea útil. Lo es y muchísimo. El problema es haber vendido durante años la idea simplista e infantil de que bastaba con llenar el país de paneles solares para resolver el problema energético.
Una transición seria necesita combinar renovables con fuentes capaces de aportar estabilidad, inercia y potencia firme las 24 horas. Y ahí el parque nuclear español sigue siendo estratégico. Produce alrededor del 20% de la electricidad de forma continua, estable y sin emisiones de CO₂. Prescindir de esa capacidad en un sistema cada vez más tensionado es un suicidio energético.
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